Aventura del día: Suzuki Grand Vitara 2.0 TD (RF)

Aventura del día: Suzuki Grand Vitara 2.0 TD (RF)

La evolución sensata del todoterreno clásico hacia el ocio familiar


Tiempo de lectura: 6 min.

En pleno florecimiento del mercado de los todocamino, Suzuki todavía creía en sus todoterrenos como propuesta de vehículo destinado al ocio y para ello confió en todo el conocimiento desarrollado desde la aparición del primer LJ80. Basado en la misma fórmula que hizo de los anteriores 4×4 fabricados en nuestro país un éxito en ventas, en 1998 llegó a nuestro mercado el Suzuki Grand Vitara, disponible en un principio en un solo acabado y con una sola motorización diésel.

El recién llegado de la firma nipona mantendría una compacta carrocería de casi 4,2 metros, caracterizada por sus formas redondeadas y suaves y por llevar unos prominentes pasos de rueda sobre los que se instalaban unos aletines que conectaban visualmente los paragolpes con las molduras laterales. Su frontal estaba presidido por deux grandes y anodinas ópticas que incorporaban los intermitentes de color blanco, que aunque se integraban bien en la estética general del 4×4 no le aportaban nada de personalidad al conjunto.

Chasis, suspensiones y motor Mazda

Como buen 4×4 que se precie, la plataforma se basaba en una combinación de chasis de largueros y travesaños y una carrocería atornillada a este. A su base también se fijaban las suspensiones de ambos ejes, de las cuales la delantera seguía confiando en un par de columnas Macpherson guiadas inferiormente por un par de grandes triángulos sobre los que trabajaban los muelles helicoidales y una barra estabilizadora. Para el tren posterior también se mantendría el eje rígido, pero esta vez guiado por dos brazos longitudinales superiores, dos inferiores y una barra Panhard. Los frenos de buen comportamiento general se componían por un par de discos autoventilados delanteros y por otro par de tambores traseros que echaban en falta la ayuda de un sistema antibloqueo en asfaltos deslizantes.

El motor diésel ubicado longitudinalmente en el bastidor era un 4 cilindros de 1.998 cc de origen Mazda, con el bloque fabricado en fundición y la culata en aluminio. También montado en la primera generación del Kia Sportage, este propulsor disponía de 8 válvulas accionadas por un árbol de levas cuya conexión con el cigüeñal se realizaba a través de una correa dentada. Contaba con un radiador de aceite y se alimentaba mediante un sistema de inyección indirecta y un turbocompresor asistido por intercooler, con los cuales podía alcanzar una potencia de 87 CV a 4.000 rpm y 216 Nm a 2.000 rpm. De marcado carácter turbo, este motor tenía la tendencia de hacerse el remolón por debajo de las 2.000 rpm, momento a partir del cual se podía esperar el rendimiento más óptimo de funcionamiento para mover con soltura los 1.475 kg del Grand Vitara. Acoplado a una caja de cambios de 5 velocidades y a una transfer de 2 marchas, carente de diferencial central, este 4×4 podía llegar a alcanzar una velocidad máxima ligeramente superior a los 140 km/h y realizar el 0-100 km/h en 16 segundos. Una de sus mejores cualidades era su bajo consumo medio, el cual se quedaba por debajo de los 10 litros cada 100 km, obteniendo una autonomía cercana a los 700 km con su depósito de 66 litros.

Interior, habitabilidad y comportamiento

El interior se beneficiaba de las mayores cotas exteriores que tenía con respecto al anterior Vitara, haciendo que las plazas traseras pudieran albergar a 3 personas de forma más holgada y además contase con un maletero de 360 litros, ampliable gracias al asiento posterior abatible por mitades. Remarcable era también la buena insonorización del habitáculo, haciéndose presente la rumorosidad del motor solamente a altas revoluciones. Las dos plazas delanteras contaban con dos cómodos asientos a los que les faltaba algo de agarre lateral y que mantenían la cabeza del ocupante a gran distancia del techo fuese cual fuese su altura. La plaza del conductor se aprovechaba de la regulación en altura de un volante equipado con airbag, situado delante de un cuadro de instrumentos de corte básico. Bien rematado y con materiales de buena calidad, el diseño del salpicadero incorporaba las mismas líneas redondeadas presentes en el exterior y reunía los mandos de la climatización y los principales botones de sistemas secundarios en una posición accesible y a la vista. En cuanto a su equipamiento, este incluía tanto elevalunas y retrovisores eléctricos como el aire acondicionado o airbags delanteros de serie, quedando como única opción el equipo de sonido.

En carretera el comportamiento de este todoterreno era bastante parecido al que pudiéramos encontrar en cualquier berlina, presentando un carácter neutro y estable en vías rápidas en donde las superficies están bien cuidadas. En tramos virados poco cambiaba su forma de moverse, donde la suspensión, que contaba con un tarado pensado en el confort de marcha, marcaba los límites en el paso por curva. Pero donde mejor se le podía sacar fruto a sus contenidas medidas exteriores era en el entorno urbano, en donde su tamaño muy próximo al de un compacto y su amplia superficie acristalada facilitaban su conducción, transformándolo en un vehículo práctico y capaz en el día a día.

Suzuki Grand Vitara (2)

El Grand Vitara combinaba una carrocería de formas redondeadas y mayor habitabilidad con el esquema clásico de chasis de largueros y tracción conectable

Aptitudes TT, precio y rivales

En el franqueo de obstáculos este Grand Vitara no mejoró las aptitudes de su antecesor el Vitara de 5 puertas, viéndose limitado por unos recorridos libres de rueda que se quedaban por debajo de la media del segmento (37 cm delante y 41 cm detrás). A esto se sumaban las pocas cualidades de su motor al rodar a bajo régimen y una reducción de la caja transfer que resultaba algo escasa para acometer ciertas dificultades presentes en el terreno. A lo comentado se sumaba la falta de un diferencial de deslizamiento limitado, que podía ser crucial a la hora de salir de un apuro.

Con un precio de 21.500 euros resultaba incluso más barato que el Suzuki Vitara de 5 puertas equipado con el mismo motor (posteriormente se ajustarían las tarifas del Vitara incorporando motores más potentes). Por casi el mismo precio y por tamaño, el Kia Sportage presentaba también un buen equipamiento pero el mismo motor con 83 CV, aunque también se podía optar por un Galloper Exceed 5 puertas por un menor precio y más capacidad interior.

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Javier Gutierrez

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