Gustav Mayer se hartó de sacar su furgoneta del desierto. El jefe de desarrollo de la línea Transporter viajaba una y otra vez al Sahara en un T2 refrigerado por aire con tracción trasera. En 1978 pidió construir un prototipo con tracción delantera seleccionable. Cinco vehículos más tarde, el T3 Syncro estaba en producción. Lo que comenzó como un capricho interno se convirtió en el vehículo de viajes largos más buscado de los años ochenta.
Los años ochenta fueron de transición para el automovilismo europeo. Los todoterrenos eran rudos e incómodos, reservados a profesionales del campo y al ejército. Las furgonetas cumplían función de transporte sin pretensiones de aventura. La brecha entre ambos mundos parecía infranqueable hasta que Volkswagen decidió unirlos. El T3 llegó en 1979 como la tercera generación de la Transporter, más ancha, más segura y con la primera oferta de motores diésel y gasolina refrigerados por agua.
De la frustración de Gustav Mayer al ingenio de Steyr-Daimler-Puch
Antecedentes mecánicos al margen, la idea del sistema a las cuatro ruedas no nació en Wolfsburg de la nada. Gustav Mayer se cansó de desenterrar su T2 en las dunas africanas y su equipo construyó un prototipo con tracción delantera seleccionable en 1978. El T2 ya agonizaba, así que la tecnología saltó al T3. La producción en serie del Syncro comenzó en 1985, cuatro años antes de que el Land Rover Discovery llegara al mercado. La ingeniería no fue interna: Steyr-Daimler-Puch desarrolló el tren delantero en Austria.
Bajo el capó, la gama del T3 Syncro arrancaba con dos opciones principales. El gasolina bóxer de 2,1 litros y cuatro cilindros horizontales opuestos entregaba 95 caballos de potencia a 5.200 revoluciones por minuto y 160 Nm de par a 3.500. El diésel turbocargado de 1,6 litros ofrecía entre 75 y 80 caballos según la fuente. La transmisión manual de cuatro velocidades incluía una marcha extra llamada crossover gear que reducía las relaciones para terreno difícil. El bloqueo del diferencial trasero se activaba por vacío desde el tablero.
Conectado a ese esquema, el sistema Syncro utilizaba un acoplamiento viscoso que transfería el par al eje delantero cuando las ruedas traseras perdían adherencia. La diferencia de velocidad superaba el seis por ciento y el fluido de silicona patentado por Volkswagen endurecía automáticamente. La transferencia de par era continua e infinitamente variable. Para situaciones extremas existía la reducción y el bloqueo del diferencial.
Vivienda sobre ruedas con preparaciones Westfalia y aventura en África
Vestida de Westfalia, la furgoneta se convertía en una casa con ruedas gracias al trabajo realizado por el carrocero alemán desde los años sesenta. El techo elevable se tensaba en los modelos originales y se abrían laterales para ventilación. El interior llevaba cocina de gas con dos fuegos, nevera portátil, mesa plegable y cama abatible sobre la zona de carga. Las versiones Joker incluían equipamiento adicional y tapicerías específicas. La configuración California llegó en 1988 directamente desde fábrica y vendió cinco mil unidades en sus primeros doce meses en el mercado.
Pruebas de la época destacaban la desconcertante capacidad todoterreno de una furgoneta. El reparto de peso era favorable por el motor trasero, aunque la carga útil quedaba limitada por la masa del tren delantero añadido. El consumo del motor gasolina variaba entre trece y dieciocho litros cada cien kilómetros. El turbodiésel bajaba hasta ocho litros pero exigía más marchas. La altura libre al suelo de la versión estándar era insuficiente para rocas grandes, pero la variante Syncro de 16 pulgadas ofrecía mayor despeje con frenos de mayor diámetro.
Volkswagen vendía el T3 Syncro como vehículo para viajar por el mundo. No había otro que ofreciera tanto espacio interior con capacidades fuera del asfalto. La estructura del suelo permitía el árbol de transmisión y el diferencial delantero desde el inicio del diseño. Se produjeron 45.478 unidades Syncro hasta 1992, incluyendo todas las carrocerías. De la versión furgón panelada salieron 5.848 ejemplares. La T3 fue la última Transporter con motor trasero antes de la conversión frontal del T4 en 1990.
Nelta de las dunas del Sahara tras los repetidos atascos del jefe de desarrollo Gustav Mayer, la Volkswagen T3 Syncro combinó el motor trasero con un sofisticado sistema de tracción integral desarrollado por Steyr-Daimler-Puch y preparaciones habitables Westfalia, convirtiéndose en el vehículo de expedición y vanlife más cotizado de los años ochenta
Legado, cotizaciones actuales y expediciones memorables
Interés y cotizaciones crecieron desbocados después de la desaparición del modelo. Los precios subieron en la década de 2020 con el revival del vanlife. Los ejemplares originales con motor bóxer y equipamiento Westfalia alcanzan cifras que compiten con deportivos de la época. Las comunidades de propietarios mantienen el conocimiento técnico disponible y las piezas en circulación. El sistema de tracción total sigue funcionando con el mismo principio viscoso sin necesidad de electrónica.
En España hay documentación de expediciones memorables con el Syncro. En 2013, el periodista José Ramón Puig y la fotógrafa Claudia Maccioni partieron de Barcelona hacia África Occidental en un T3 de 1988. Recorrieron 20.000 kilómetros por once países hasta Benín con el objetivo de recaudar fondos contra el cáncer de mama. La furgoneta no conservaba la mecánica original: llevaba un motor turbodiésel de inyección directa de 90 caballos y amortiguadores Trail Master. El proyecto se conoció como 10 Fronteras Fotofurgo.
Tal despliegue demuestra que la T3 Syncro representa una solución de viaje que ya no tiene rival directo. Ninguna furgoneta moderna combina la capacidad todoterreno con el espacio interior de esta generación. El motor bóxer refrigerado por agua suena diferente a cualquier propulsor actual y el sistema de tracción total funciona sin sensores ni computadoras. Quien compra un T3 sabe lo que obtiene: una furgoneta que sirve como vivienda móvil y puede cruzar terrenos que ningún vehículo de carretera tolera.
Ultimada su producción en 1992 en Europa —la fábrica sudafricana siguió fabricando la Combi hasta 2002 con tecnología previa—, los 45.478 Syncro construidos parecen muchos hasta que se comparan con el millón y medio de T3 totales. El número real de ejemplares Westfalia en condiciones originales es mucho menor. Ese detalle convierte cada unidad en pieza de colección y explica el interés que mantiene cuarenta años después de su lanzamiento.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia.COMENTARIOS