Este exclusivo Mitsubishi Pajero Evolution acaba de cambiar de manos

Este exclusivo Mitsubishi Pajero Evolution acaba de cambiar de manos

Se trata de una de las pocas unidades que en su día fueron fabricadas para homologar el vehículo que compitió y dominó en el Dakar


Tiempo de lectura: 6 min.

El Mitsubishi Pajero Evolution llevó este famoso apellido más allá de los Mitsubishi Lancer o Carisma tan habituales en el mundo de los ralis. Pese a que en nuestro país, como en otros mercados, este verdadero todoterreno recibió el nombre de Montero, para así evitar convertirse en fetiche de adolescentes —y también mayores— de hiperactiva mano, para esta versión especial nos ceñiremos a la nomenclatura original, puesto que solo estuvo a la venta en su país de origen, Japón.

Más o menos en la época en la que los SUV comenzaban a ser moneda de cambio común en el mercado automovilístico, Mitsubishi dio a luz a uno de los todoterrenos más propiamente todoterrenos jamás producidos para su venta al público. En realidad, se trataba de un homologation special, es decir, un modelo construido para que la marca pudiera entrar en competición siguiendo las reglas de la categoría T2 del Dakar, que exigía fabricar al menos 2.500 unidades matriculables para poder llevar a cabo la inscripción en la edición de 1997 de la carrera fundada por el malogrado Thierry Sabine.

Elaborado sobre el Mitsubishi Pajero/Montero de segunda generación, en formato de tres puertas, esta versión, denominada internamente V55W, recibía numerosas modificaciones, no solo en cuanto a su carrocería visiblemente ensanchada, gracias a las cuales se convirtió en uno de los todoterrenos más capaces de su momento. El capó de aluminio contribuía a contener el peso del conjunto, que se quedaba en los 1.970 kg en vacío. Como rasgos distintivos respecto de las versiones convencionales del modelo destacan el spoiler trasero, con dos llamativos aletines laterales, los cuatro faros antiniebla situados en el paragolpes delantero o los imponentes guardabarros.

Apenas existen unas 2.500 unidades de este modelo, fabricado por Mitsubishi para poder inscribirse como competidor en el Dakar bajo reglamentación T2, a finales de los noventa del siglo pasado

Mitsubishi Pajero Evolution 01

Distribución variable en su V6 atmosférico cuya potencia cumplía con el famoso pacto de caballeros japonés

Bajo el mencionado capó de aluminio se instaló un propulsor de gasolina atmosférico de seis cilindros en uve —código interno 6G74—, con 3.497 cc de capacidad, culata de 24 válvulas y doble árbol de levas en cabeza —DOHC—, así como distribución variable en admisión y escape —sistema denominado MIVEC—. Supuestamente, cumplía con el límite de potencia convenido por los fabricantes japoneses en la época —el pacto de caballeros japonés del que os hablamos en su día—, aunque a lo largo de las pruebas, quienes tuvieron la ocasión de ponerse a sus mandos intuyeron de forma generalizada que se superaba dicha cifra. Sea como sea, esos 280 CV declarados —206 kW— se obtenían a 6.500 revoluciones, con 348 Nm de par disponibles a 3.000 rpm. Con estos guarismos, se declaraban unas nada desdeñables prestaciones de ocho segundos para alcanzar los 100 km/h desde parado, así como 205 km/h de velocidad punta.

Si bien conservaba el chasis monocasco de la segunda generación del Mitsubishi Pajero/Montero, contaba con un kit de carrocería ensanchada, para poder albergar unos neumáticos de mayores dimensiones, así como cubrecárter metálico y un nuevo sistema de suspensión. Preparado por RalliArt y bautizado como ARMIE, el eje delantero contaba con arquitectura de doble triángulo, mientras que se empleaba un sistema multibrazo para el eje posterior. Este sistema de suspensión contaba con recorridos ampliados, de hasta 240 mm en las ruedas anteriores por 270 mm en las traseras.

La unidad cuyas imágenes ilustran este artículo fue una de las 2.693 que, según algunas fuentes, salieron finalmente de la correspondiente línea de ensamblaje de Mitsubishi. Fue producido durante dos años, desde 1997 hasta 1999, y el color rojo de su carrocería —Passion Red en el catálogo de la marca— es uno de los tres en los que se ofrecía originalmente, junto con el blanco y el plateado. Este ejemplar, importado hace tan solo un año al país oceánico, exhibe apenas 122.824 km en su odómetro y presenta un estado de conservación admirable.

Su motor de seis cilindros en uve implementaba todo el arsenal tecnológico con el que la marca contaba en aquel momento, para supuestamente entregar los 280 CV a los que los fabricantes japoneses se habían autolimitado durante aquella época

Mitsubishi Pajero Evolution 30

En las antípodas de nuestro país y de los SUV actuales

Se trata de una de las unidades que instalaban una caja de cambios automática de cinco velocidades, elegida por la facilidad de uso y mayor fiabilidad, sobre todo al desplazarse a reducida velocidad por superficies difíciles, ya que no contaba con un embrague que maltratar. Montaba diferenciales tipo Torsen en cada eje, así como una caja tránsfer que permitía seleccionar tres modos de funcionamiento. Así pues, este Mitsubishi Pajero Evolution puede conducirse como un vehículo de propulsión o con la tracción total activada, con o sin bloqueo del diferencial central.

El interior, lejos de ser espartano, cuenta con comodidades como climatizador, luneta trasera calefactada, elevalunas eléctricos o dos posavasos para los ocupantes de los asientos delanteros —consecuencia de la contención de costes, que llevó a aprovechar los elementos instalados en las versiones convencionales del modelo—. No obstante, los asientos Recaro, con apoyo lateral potenciado, sí que son específicos de este Mitsubishi Pajero Evolution.

El hecho de que esta unidad no sea una de las que cuentan con cambio manual —se estima que tan solo unas 500 fueron producidas con los tres pedales— provoca que el precio por el que fue subastado no fuera exagerado. De hecho, los 61.500 dólares australianos —unos 38.000 euros al cambio actual— que constan como precio de adjudicación se antojan toda una ganga para un modelo tan exclusivo como este. Y es que no hay que olvidar que, entre los numerosos logros de la versión de competición, destaca su dominio en la edición de 1998 del Dakar, cuando ocupó los cuatro primeros puestos de la general. Además, a sus mandos Jutta Kleinschmidt se convirtió en la primera mujer en alzarse con el touareg de bronce que distingue al ganador de esta carrera, allá por 2001.

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David García

No conozco sensación mejor que la de un volante en las manos. Disfruto también con ellas sobre el teclado, escribiendo ahora para vosotros algo parecido a aquello que yo buscaba ansioso en los quioscos cuando era un guaje.

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