El Mini Wildgoose era la respuesta británica a una pregunta que nadie se había hecho: ¿se puede vivir de vacaciones dentro de un Mini? La respuesta, entre 1963 y 1968, fue un rotundo sí, aunque con matices. No era rápida, no era espaciosa ni era cómoda según los estándares actuales, pero era un Mini, y eso, en la Inglaterra de los sesenta, lo cambiaba casi todo.
La Gran Bretaña de los años sesenta vivía una auténtica «Mini manía». El pequeño BMC de Alec Issigonis había revolucionado el automovilismo con su tracción delantera, motor transversal y uso obsesivo del espacio, y los carroceros británicos veían en él una base perfecta para todo tipo de experimentos. Desde coches de competición hasta furgonetas de reparto, el Mini se adaptaba a cualquier necesidad. Wildgoose Ltd., una pequeña empresa de Worthing, en Sussex, decidió llevar esa versatilidad al extremo: convertir el Mini Van en una autocaravana.
Tres versiones y un techo telescópico
El Mini Wildgoose llegó en 1963 y ofrecía tres versiones distintas. Dos de ellas montaban tiendas plegables en la parte trasera, mientras que la tercera, la más ambiciosa, llevaba un techo telescópico que duplicaba la altura interior. Esta última se llamaba Brent Super V.E.B. —Vertical Extending Body— y era la versión más lujosa de la gama. El techo se elevaba pulsando un botón en el salpicadero o, si fallaba la electricidad, manualmente desde el exterior mediante una manivela.
La base mecánica era el Mini Van de BMC, elegido por su fiabilidad y economía. Bajo el capó, un cuatro cilindros de 848 centímetros cúbicos entregaba 34 caballos de potencia, cifras que, combinadas con el peso extra del módulo habitable y una aerodinámica más propia de un ladrillo que de un coche, prometían viajes tranquilos. La velocidad máxima oficial era de 112 kilómetros por hora, aunque los propietarios aseguraban que, en la práctica, alcanzar los 96 kilómetros por hora ya era una hazaña. Los chistes de la época decían que para cronometrar su aceleración no hacía falta un reloj, sino un calendario.
Basado en la plataforma comercial del Mini Van de BMC, el Wildgoose Brent Super V.E.B. incorporaba un curioso mecanismo eléctrico que elevaba el techo de forma telescópica para permitir estar de pie en el interior, todo ello movido por el modesto motor A-Series de 848 centímetros cúbicos y 34 caballos de potencia
Todo lo necesario en un puñado de centímetros
El interior del Brent Super V.E.B. ofrecía espacio para cuatro personas, tanto para viajar como para dormir. Había una dinette de cuatro plazas que se convertía en cama, un fregadero, una placa de cocina de dos quemadores, armarios, un armario ropero y cortinas para mantener la privacidad. El agua se transportaba en bidones de 7,5 litros, y el espacio de almacenamiento, aunque limitado, estaba bien aprovechado. El público al que apuntaba Wildgoose no eran jóvenes aventureros en busca de sí mismos, sino parejas jubiladas que querían recorrer Gran Bretaña o el continente sin prisas. El folleto de la época lo decía sin rodeos: «Especialmente diseñado para parejas retiradas que, liberadas del trabajo, desean una vida despreocupada. No hay forma más razonable de ver el país, el continente o el mundo con COMODIDAD que con un Wildgoose».
La carrocería combinaba una estructura de madera con revestimiento de aluminio, mientras que el mobiliario interior era de contrachapado impermeable lacado en madera. El precio de la conversión completa era de 998 libras esterlinas, aunque existía una opción más económica por 601 libras para que el propio cliente adaptara su propio Mini Van.
Un mito de supervivencia bajo el paraguas de BMW
Se fabricó entre 1963 y 1968, con apenas 60 unidades fabricadas. Hoy se estima que sobreviven alrededor de diez, muchas de ellas en colecciones privadas, lo que las convierte en piezas casi imposibles de ver en persona. MINI, ahora bajo el paraguas de BMW, reconoce al Wildgoose como uno de los ejemplos más singulares de la creatividad que inspiró el Mini original.
Más de medio siglo después, el Mini Wildgoose se recuerda como una rareza encantadora: una autocaravana que no pretendía ser grande, rápida ni lujosa, sino simplemente posible. Un Mini que llevó la filosofía de «hacer mucho con poco» hasta el último extremo, demostrando que la aventura no necesita un vehículo enorme, solo ingenio y ganas de salir a la carretera.


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Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.COMENTARIOS