Aquí está la prueba de que aquellos casi 900 millones de dólares que GM se gastó en desarrollar dos motores nuevos no eran humo. El GMC Sierra 1500 de 2027 se ha destapado con los flamantes V8 de sexta generación de la casa, un 5.7 y un 6.6 litros que estrenan bloque completo, y con ello manda un recado a todo el que daba por enterrado el motor de gasolina de gran cilindrada justo cuando la moda apuntaba al lado contrario.
La pick-up llega a los concesionarios antes de que acabe 2026, y de momento es solo un anticipo oficial porque GMC se guarda las cifras exactas de potencia para estirar el interés durante meses. Ya avisamos de que GM iba a contracorriente invirtiendo una fortuna en dos V8 completamente nuevos cuando todos se aferraban a los seis cilindros turbo, y este Sierra es el primer sitio donde ese dinero aparece hecho metal.
Dos V8 nuevos y un diésel que nadie más ofrece
El corazón del asunto son esos dos motores Small Block de nueva hornada. Vienen en 5.7 y 6.6 litros, con mejoras en combustión, refrigeración y gestión que según GMC elevan el refinamiento sin sacrificar la dureza campera.
El buque insignia Denali Ultimate monta de serie el 6.6, presentado como el V8 atmosférico más potente de su categoría, aunque la marca no ha querido soltar todavía los caballos exactos y se limita a prometer que serán muchos. Callar las cifras mientras enseña el coche es tan viejo como eficaz, porque genera dos titulares en lugar de uno.
La gama mecánica no se agota ahí, porque conserva el TurboMax con el mejor par de serie del segmento y el diésel Duramax, todos con caja automática de diez velocidades. Semejante variedad, del cuatro cilindros al gasóleo pasando por los dos V8, resulta en 2026 casi de otra época.
Que una marca dedique semejante esfuerzo a los propulsores térmicos puros puros, sin una batería en toda la gama, es una rareza digna de aplauso. No es su único caso, porque GM anda resucitando gasolina por todas partes, como cuando contamos que el Camaro vuelve en 2028 con V8 y tracción trasera tras quemar 6.000 millones en eléctricos que la gente no compraba al ritmo prometido.
Una cabina que parece la de un buque insignia alemán
Por fuera el Sierra estrena unas formas que GMC describe que GMC describe con esa jerga de precisión de máquina. Parrilla más vertical, ópticas con animaciones de bienvenida, salidas de escape cuádruples y una postura más plantada componen una presencia que impone antes incluso de arrancar.
El interior es donde la cosa se dispara, porque el Denali Ultimate acumula más de 150 centímetros de pantallas: una central de 16,3 pulgadas que se articula y esconde almacenaje detrás, otra de 11,5 para el pasajero, un cuadro de 12,2, una proyección en parabrisas de 15 pulgadas y un retrovisor-cámara de 8,5. Tanta cristalería recuerda más a la cabina de un avión que a la de una camioneta de trabajo, y ahí empiezo a torcer el gesto.
El resto del equipamiento apunta al lujo, con madera auténtica, techo panorámico, Bose de 16 altavoces y el sistema Super Cruise de conducción asistida manos libres que funciona incluso remolcando. Una dotación pensada para plantar cara a los grandes SUV europeos, y que por dentro lo consigue de sobra.
Todo ello convierte al Denali Ultimate en un objeto de deseo, impresionante sin discusión, aunque no sea lo que a mí me quita el sueño de esta gama.
El AT4X es el que de verdad me interesa
Dejando a un lado tanta pantalla, la versión que me pone es el AT4X, el tope campero y el Sierra más capaz fuera del asfalto de la historia.
Estrena unos neumáticos Goodyear de 35 pulgadas, amortiguadores Multimatic para el todoterreno rápido y una elevación de suspensión de cinco centímetros que le da una planta seria. La joya escondida son sus bloqueos de diferencial electrónicos delantero y trasero, una combinación que ningún rival directo ofrece y que separa a un todoterreno de verdad de uno de mentira, justo lo que defendí a propósito del Santana Cajal y sus tres bloqueos.
Por dentro estrena un acabado Timber Mahogany, asientos con más sujeción y volante de base plana, detalles que demuestran que puede embarrarse el sábado y llevarte a cenar el domingo sin despeinarse. Para quien quiera más, sigue el paquete AEV con protecciones y llantas beadlock.
Es, en definitiva, la versión que rescata el alma de herramienta de toda esta operación. Donde el Denali presume de salón, el AT4X presume de capacidad, y esa es la parte de la gama con la que de verdad conecto.
Un poco de gasolina para variar
Me quedo con la sensación de que este Sierra es una pequeña victoria del sentido común del sentido común en plena fiebre eléctrica. Demuestra que hay mercado de sobra para el motor de combustión bien hecho, y que GMC no ha tenido que disculparse por montar dos V8 nuevos ni envolverlos en discursos de transición ni prometer una versión enchufable que redima el pecado ante nadie.
Lo único que me chirría es esa avalancha de pantallas del Denali Ultimate, justo lo contrario de lo que un vehículo de trabajo debería priorizar, aunque el cliente americano de pick-up premium pide exactamente eso. Prefiero mil veces el AT4X con sus bloqueos y sus 35 pulgadas.
Total, que si el mercado europeo fuera otro me encantaría ver uno rondando por aquí, aunque su tamaño y su sed lo condenan a ser una fantasía de otro continente. Nos queda el consuelo de que existan y de que se sigan fabricando con motor de verdad. De todos modos, nos costaría una fortuna en gasolina.
La nota más positiva es que de vez en cuando alguna GMC cruza el charco por la puerta de atrás de la nostalgia, como la Vandura del Equipo A que salió a subasta este año, recordándonos que estas moles siempre tuvieron su hueco en el corazón del aficionado europeo.


Jose Manuel Miana
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