Aventura del día: Honda FourTrax 300

Aventura del día: Honda FourTrax 300

El ATV más vendido de la historia


Tiempo de lectura: 3 min.

El Honda FourTrax 300 fue el ATV más vendido de la historia: más de 530.000 unidades entre las versiones de tracción trasera y total. Sin embargo, su éxito no se debió a una potencia desmesurada ni a un equipamiento llamativo, sino a algo más difícil de lograr: fiabilidad mecánica absoluta y una simplicidad que permitía repararlo con herramientas básicas en cualquier rincón del mundo.

A finales de los años ochenta, el mercado del ATV estaba dividido entre máquinas deportivas ligeras y utilitarios pesados. Honda vio un hueco intermedio: un quad lo bastante ágil para disfrutar y lo bastante robusto para cargar. El FourTrax 300 nació en 1988 con esa idea, y su éxito fue tal que Honda lo mantuvo en producción doce años sin apenas modificaciones, algo insólito en la industria.

Mecánica y tracción

Debajo del asiento, un monocilíndrico de cuatro tiempos y 282 centímetros cúbicos, refrigerado por aire, entregaba veinte caballos de forma suave y progresiva. La caja de cambios manual de cinco velocidades incluía reductora para trabajo pesado o terreno complicado –una solución heredada del resto de la familia FourTrax, que ya la usaba en modelos más pequeños como el TRX125 o el TRX200–. La versión 4×4 añadía tracción total permanente y un diferencial autoblocante delantero que distribuía el par según la adherencia disponible.

La suspensión McPherson del 2WD y la de doble triángulo del 4×4 ofrecían un recorrido generoso para su categoría, y el chasis de largueros con subchasis trasero permitía instalar portaequipajes, cabestrantes y todo tipo de accesorios de overlanding. El peso se quedaba 19 kilos por debajo del TRX250 que sustituyó, un ahorro que se notaba en maniobrabilidad.

Honda FourTrax 300 (2)

No fue el quad más rápido ni el más equipado, pero sí el que demostró que con herramientas básicas se podía llegar a cualquier rincón del mundo

Evolución y rivales en el sector

Cuando llegó el FourTrax 300 4×4 en 1988, Honda no partía de cero: dos años antes ya había estrenado la tracción total permanente en el FourTrax 350, con diferencial autoblocante delantero, adelantándose en un año a la Suzuki LT-4WD que acabaría popularizando la fórmula en el resto de la industria. El FourTrax 300 4×4 tomó esa tecnología y la empaquetó en un chasis más ligero y compacto, pensado tanto para el trabajo de granja como para el uso recreativo, mientras Suzuki y Yamaha –esta última con su gama Big Bear– se disputaban el mismo terreno.

El FourTrax 300 se convirtió en el ATV de referencia para granjas, ranchos y expediciones ligeras. Su fiabilidad mecánica y la simplicidad de su diseño lo hicieron popular en mercados donde el mantenimiento especializado no existía. En el mundo del overlanding, es el quad que demostró que no hacía falta un todoterreno grande para llegar a lugares remotos: con un portaequipajes trasero, una tienda de techo y un depósito extra, un FourTrax 300 podía mantenerse en ruta durante días.

Honda lo sustituyó en 2000 por el FourTrax 350 Rancher, pero antes de eso el propio 300 vivió dos generaciones bien diferenciadas –la primera entre 1988 y 1992, la segunda a partir de 1993– con cambios menores en chasis, guardabarros y electrónica, además de una variante deportiva, el FourTrax 300EX de 1993, con 36 centímetros cúbicos más de cilindrada y arranque eléctrico. Su precio de salida en 1988 fue de 4.399 dólares –precio en Estados Unidos, desconocemos el precio que tenía en España cuando se comercializó–, una cifra que apenas subió 800 dólares en toda su vida comercial, y hoy sigue siendo buscado en el mercado de segunda mano por su sencillez y durabilidad. No fue el quad más rápido ni el más equipado, pero sí el que más lejos llegó.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

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