El Audi 100 Bischofberger Family es una de esas rarezas que, en ocasiones, alguien se atreve a crear. Básicamente, es una autocaravana realizada sobre la base de un Audi 100 de tercera generación con la idea de mezclar el concepto de autocaravana con la conducción de un coche como el Audi 100.
La genialidad de Helmut Bischofberger
La idea era tan sencilla como radical: quitar la mitad trasera de un Audi 100 y poner en su lugar una autocaravana. No una furgoneta adaptada, no una caravana remolcada, sino una autocaravana construida sobre el chasis de uno de los turismos más avanzados de la Alemania de principios de los años ochenta, capaz de cruzar Europa a velocidades de autopista con la misma comodidad que una berlina de gama alta y de aparcar en cualquier sitio donde cupiera un coche de tamaño medio. Helmut Bischofberger, que dirigía una pequeña empresa de conversiones en Alemania, no solo tuvo esa idea, sino que la llevó a la práctica con la suficiente solvencia como para que los propios ejecutivos de Audi se interesaran por el resultado.
El punto de partida fue el Audi 100 C2 –el Tipo 43–, sobre el que Bischofberger Motorcaravan GmbH construyó sus primeras conversiones con un éxito que nadie había previsto. La propuesta era lo bastante convincente como para que desde Ingolstadt llegara una petición informal: hacer lo mismo sobre el nuevo C3, el Tipo 44 que Audi había presentado en 1982 y que representaba uno de los saltos técnicos más ambiciosos de la marca en esa época. El C3 era el primer coche de producción en serie con un coeficiente aerodinámico de 0,30 –resultado de una obsesión por la eficiencia que Audi había convertido en argumento de marketing–, un cinco cilindros de inyección en las versiones más capaces y un interior que fijaba nuevos estándares de calidad en el segmento. Era, en resumen, exactamente el tipo de base que Bischofberger necesitaba para demostrar que su concepto funcionaba también a un nivel superior.
Ingeniería quirúrgica y superestructura de fibra
El proceso de construcción del Family –que así se llamó comercialmente el resultado, con el subtítulo de “un nuevo concepto de autocaravana”– empezaba eliminando toda la carrocería de chapa a partir del pilar B. Resultaba ser una intervención quirúrgica y devastadora al mismo tiempo: lo que quedaba era el frontal completo del Audi 100 con su mecánica intacta, su salpicadero, sus dos plazas delanteras y el bastidor. Sobre ese bastidor, Bischofberger instalaba primero un armazón tubular de acero que recuperaba la rigidez estructural perdida al eliminar la carrocería trasera, y sobre ese armazón montaba la superestructura de la autocaravana, fabricada en fibra de vidrio por encargo específico para este proyecto. La longitud total del vehículo aumentaba apenas unos diez centímetros respecto al Audi 100 original –un resultado sorprendente dado el volumen interior que se conseguía–, y el conjunto pasaba por la inspección técnica TÜV con todos los certificados en regla, tras haber sido probado incluso en condiciones de desierto.
Dentro del habitáculo, el Family ofrecía todo lo necesario para cuatro personas. Contaba con una cocina dotada de fogón, nevera y fregadero, un depósito de agua de unos veinte litros, zona de descanso convertible y espacio de almacenaje: todo lo que se esperaba de una autocaravana convencional, pero en unas dimensiones que permitían llevar el vehículo a cualquier lugar donde cupiera un turismo grande. La altura de la superestructura se había maximizado para aprovechar el espacio interior, y la anchura también se había ampliado respecto al Audi de base, lo que daba al Family un perfil inconfundible y algo desconcertante: desde delante era un Audi 100 perfectamente normal; desde el lateral o la parte trasera era otra cosa completamente distinta.
Combinando la aerodinámica y la mecánica de cinco cilindros del Audi 100 C3 con una superestructura de fibra de vidrio, el Bischofberger Family ofrecía las comodidades de una autocaravana con el comportamiento dinámico de un turismo de gama alta
Comportamiento en carretera y legado comercial
A la hora de circular, las ventajas frente a una autocaravana convencional eran evidentes para quien valorara la movilidad sobre el espacio. El centro de gravedad era significativamente más bajo que el de cualquier furgoneta de conversión o autobús adaptado, lo que se traducía en un comportamiento en carretera mucho más cercano al de un turismo. La suspensión y los frenos habían sido reforzados para compensar el peso adicional de la superestructura, pero el chasis del C3 era lo bastante robusto como para absorber esa carga sin comprometer la seguridad. Además, el motor –en las versiones más equipadas, el cinco cilindros de 136 CV con inyección– permitía velocidades de crucero en autopista que ninguna autocaravana de la época podía igualar.
Bischofberger comercializaba el vehículo bajo un eslogan muy claro: “Amplitud y superficie útil como una caravana combinadas con las ventajas de un turismo”. Era un argumento honesto. Lo que el Family no podía ofrecer era volumen: cuatro personas cabían con comodidad razonable, pero no con la holgura de una autocaravana de tamaño convencional. Era un vehículo para quien daba más valor a conducir bien que a vivir con amplitud, para quien prefería llegar rápido y dormir en el coche antes que remolcar una caravana o conducir un camión camuflado de autocaravana. Un nicho muy concreto que en la Alemania de 1985 resultó ser más pequeño de lo esperado.
Durante su etapa comercial se fabricaron alrededor de cuarenta unidades del Bischofberger sobre el C3, una cifra que convierte cada ejemplar superviviente en una rareza de primer orden. La empresa cerró sin que el concepto llegara a producirse en mayor escala, y el Family quedó como uno de esos proyectos que funcionaron perfectamente en la teoría y en la práctica pero que nunca encontraron el momento ni el mercado adecuados. Hoy, los pocos ejemplares que circulan –alguno ha aparecido en ventas europeas de vehículos de época con precios modestos, dado que el mercado de coleccionismo todavía no ha puesto en valor esta rareza– son objetos de fascinación para los aficionados a Audi y a la historia de las autocaravanas por igual. Un Audi 100 que es también una casa. O una casa que es también un Audi 100, según desde dónde se mire.
En este vídeo se puede ver la configuración interior


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.COMENTARIOS