Aventura del día: Ford Bronco Ranger XLT

Aventura del día: Ford Bronco Ranger XLT

El gigante americano que estuvo a punto de no nacer


Tiempo de lectura: 6 min.

El Ford Bronco es uno de los todoterreno más conocidos de Estados Unidos, y la iteración de 1979 es una de las más populares de toda la historia del modelo, lo que en treinta años de producción continua es un título que no se gana fácilmente. Es también el año en que el Bronco estuvo a punto de no existir. Ford había considerado seriamente cancelar la línea antes del lanzamiento de la segunda generación en 1978, convencido de que el mercado del todoterreno grande de uso personal no tenía suficiente recorrido. Lo que encontró al otro lado fue el modelo más vendido de su historia, superando al Chevrolet K5 Blazer y al Dodge Ramcharger en el único año completo que la segunda generación estuvo en producción antes de dar paso a la tercera. La versión Ranger XLT era el tope absoluto de esa gama, y mirándola hoy cuesta entender cómo alguien estuvo a punto de no fabricarla.

De compacto utilitario a gigante de tamaño completo

Lanzado en 1966, el Bronco original había sido un vehículo compacto y sin pretensiones: dos metros y medio de batalla, tracción a las cuatro ruedas permanente, motores de seis cilindros o V8 pequeños y una carrocería de chapa plana que no disimulaba sus intenciones puramente utilitarias. Aquella primera entrega había competido cara a cara con el Jeep CJ-5 y el International Scout, operando en una liga completamente ajena al tamaño y enfoque del Blazer. Sin embargo, a finales de los setenta el mercado americano de los todoterrenos pedía otra cosa: volumen, confort de marcha y una dotación de equipamiento mucho más generosa. Ford leyó perfectamente el cambio de tendencia y adoptó la vía más lógica para dar el estirón, construyendo la nueva generación sobre el chasis de la F-100/F-150, la plataforma de pickup más vendida de Estados Unidos.

El resultado era un vehículo completamente distinto al original. Más de sesenta centímetros más largo, casi treinta más ancho y treinta más alto que su predecesor, con una batalla de 104 pulgadas –unos 2,64 metros– que le daba una estabilidad y un espacio interior que el Bronco de primera generación nunca había podido ofrecer. El eje delantero era un Dana 44 con muelles helicoidales, el trasero un Ford de nueve pulgadas –la caja trasera de referencia en el mundo del todoterreno americano, famosa por su resistencia y su facilidad de modificación– con ballestas. La tracción a las cuatro ruedas era a tiempo parcial de serie, con la caja de transferencia New Process 205 de engranajes helicoidales, aunque podía optarse por la NP 203 de tracción permanente. Ambas eran soluciones profesionales, pensadas para trabajo real, no para publicidad.

Mecánica V8 y el nivel de acabado Ranger XLT

Los motores disponibles eran exclusivamente V8. El de serie era el 351M de 5,8 litros, con 152 CV –cifra modesta que reflejaba las restricciones de emisiones de la época más que las posibilidades reales del bloque–, y la opción era el 400 de 6,6 litros, derivado del 351 Cleveland con un cigüeñal de mayor carrera que aumentaba el desplazamiento manteniendo las dimensiones básicas. En la práctica, el 400 era la elección sensata: más par a bajos regímenes, mejor comportamiento remolcando y traccionando en fuera de pista, y una robustez que los propietarios de la época describían como prácticamente indestructible con un mantenimiento razonable. La transmisión podía ser manual de cuatro velocidades o automática de tres, y Ford ofrecía opción de dobles amortiguadores delanteros –los quad shocks– para uso todoterreno exigente.

Ford Bronco Ranger XLT (2)

El Ford Bronco de 1979 estuvo a punto de ser cancelado antes de nacer, pero terminó coronándose como el rey indiscutible de los grandes todoterrenos gracias a su robustez mecánica y a una personalidad arrolladora

El Ranger XLT era el nivel de equipamiento más completo de la gama, y en 1979 eso significaba algo concreto y detallado: faros rectangulares –que ese año se hicieron estándar en todo el Bronco, aunque el año anterior los llevaban solo las versiones XLT–, parachoques cromados delante y detrás, molduras brillantes alrededor del parabrisas y en los laterales con inserto de vinilo negro, moqueta de pelo cortado en el interior, paneles de puerta con acento en madera, tapicería en vinilo o combinación vinilo y tela, cubierta para la rueda de repuesto, salpicadero con acabado madera y molduras brillantes, y la placa Ranger XLT en la guantera. Por fuera era reconocible e imponente; por dentro era, para los estándares todoterrenos de la época, sorprendentemente habitable. Ford lo anunciaba como el primer 4×4 que lo tenía todo, y el mercado le dio la razón.

El paquete Free Wheelin’ y el legado de la segunda generación

Disponible también para el Ranger XLT era el paquete Free Wheelin’, uno de los ejercicios de marketing más vistosos de la era: franjas tricolores en naranja/beis/crema o azul/blando/verde según el color base del vehículo, molduras exteriores en negro mate y una estética que capturaba perfectamente el espíritu de los setenta americanos, esa combinación de músculo y desenfado que el mercado del ocio motorizado había convertido en su imagen de marca. Junto al van personalizado y la pickup con cajón cubierto, el Bronco Free Wheelin’ era uno de los iconos visuales de una época que aún hoy genera nostalgia intensa en quienes la vivieron.

El 1979 fue también el último año de la segunda generación, lo que en retrospectiva lo convierte en algo parecido a un objeto de colección involuntario. La tercera generación llegó en 1980 con el rediseño que daría origen al Bullnose –ese morro redondeado que definiría el Bronco durante los años siguientes– y con la adopción del eje delantero Twin Traction Beam que Ford desarrolló específicamente para sus todoterrenos. Era un coche diferente, más moderno y más refinado, pero también más domesticado. El Bronco de 1978-1979, con su eje Dana 44 de muelles helicoidales y su caja de transferencia de engranajes helicoidales, tenía una pureza todoterrena que la generación siguiente sacrificó parcialmente en el altar del confort. Los ejemplares supervivientes –especialmente los Ranger XLT bien conservados, con o sin el paquete Free Wheelin’– son hoy objetos muy buscados en el mercado americano de clásicos, cotizados por una comunidad de aficionados que entiende exactamente lo que tiene entre manos.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

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