Un Blazer del 72 con 1.200 CV sale a subasta con Mecum

Un Blazer del 72 con 1.200 CV sale a subasta con Mecum

Si suena épico es porque lo es


Tiempo de lectura: 11 min.

Me he pasado un buen rato mirando fotos de este Chevrolet K5 Blazer de 1972 y todavía no sé si me parece una genialidad absoluta o un exceso que solo puede ocurrir en Estados Unidos, aunque me inclino por lo primero. Ringbrothers terminó en 2022 este restomod bautizado «Bully» tras unas 8.500 horas de trabajo, y ahora cruzará la tarima de Mecum en su subasta inaugural de Nashville, programada del 23 al 26 de septiembre de 2026 en el Nashville Superspeedway de Lebanon, Tennessee. El lote es el V538 y todavía no tiene precio de martillo porque la puja no ha ocurrido.

Antes de entrar en materia conviene aclarar algo sobre la fuente, porque el artículo que circula por la web Wheelz no es una ficha de venta sino una pieza editorial publicada el 7 de julio de 2026 que resume el coche y cita a Mecum como origen. La ficha real de compraventa es la de Mecum, con su VIN, su galería de 98 fotos y sus advertencias de subasta, así que todo lo que cuente aquí se apoya en esa ficha primaria y no en el resumen de segunda mano.

Un donante de 175 CV convertido en otra cosa

El K5 Blazer original de 1972 era un todoterreno sin pretensiones, con un V8 de 350 pulgadas cúbicas que rendía 175 CV netos en su versión más potente y 135 CV en la básica de 307 pulgadas. Pesaba 1.775 kilos en vacío, medía 4,58 metros de largo y ofrecía unos 18 centímetros de altura libre al suelo, o sea, cifras de camioneta de trabajo de hace medio siglo.

De aquel coche queda el número de bastidor y poco más, porque Ringbrothers ha reconstruido prácticamente todo lo demás. El número de chasis CKE182F118035 decodifica un Chevrolet K de tracción total, V8, media tonelada, ensamblado en la planta de Flint, y ese dato es prácticamente de lo único que puede afirmarse con total seguridad sobre la procedencia del vehículo antes de que los de Wisconsin le echaran mano encima.

El salto de potencia da un poco de vértigo cuando lo pones en perspectiva, porque las cifras que se manejan multiplican por seis o por ocho lo que daba el coche de serie. Frente a los 175 CV del 350 opcional, un Bully de 1.160 CV supone unas 6,6 veces más caballos, y frente al 307 estándar la diferencia se dispara hasta 8,6 veces, con lo que estamos ante un objeto que comparte con el original la silueta y el nombre pero casi nada del comportamiento. Tomando el peso en vacío de fábrica como suelo histórico, y sabiendo que el coche moderno pesa bastante más por el compresor, el cabrestante, los frenos y las ruedas enormes, la densidad de potencia se acerca a los 593 CV por tonelada, territorio de superdeportivo con carrocería de camioneta. No encontré cifras oficiales de aceleración ni de velocidad punta en fuentes primarias, así que cualquier número que veas circulando por ahí es mejor tratarlo como especulación y no como dato de fábrica.

El resto de la ficha técnica confirmada está a la altura de esa desmesura, con transmisión automática Bowler 4L80E, chasis y suspensión todoterreno a medida de Roadster Shop, ejes Currie Dana 44 delante y Dana 60 detrás, suspensión de cuatro barras triangulada con dos amortiguadores FOX por rueda, frenos Baer de seis pistones con discos de 38 centímetros delante y 35 detrás, llantas HRE de 18×12 pulgadas y neumáticos Cooper Discoverer STT Pro de 34,6 pulgadas de diámetro. La pintura es un azul BASF Glasurit al agua llamado Bashful Blue y la tapicería va en color coñac, una combinación sobria que contrasta con la brutalidad mecánica de todo lo demás y que demuestra que en Wisconsin saben cuándo parar la mano con el escaparate. El escape es un Flowmaster 44 con colectores hechos a medida, otro detalle de los que no se ven pero se oyen.

1972 Chevrolet K5 Blazer Custom eR Julio 2026 (8)

La cifra que nadie consigue cuadrar

Aquí llega la parte que más me interesa de todo el asunto, porque las fuentes públicas no se ponen de acuerdo en dos datos que deberían ser sencillos, la potencia exacta y el tamaño del compresor. Mecum y la nota oficial de Kahn Media hablan de un Whipple de 2,9 litros y 1.200 CV, la web Wheelz y la galería oficial de Ringbrothers indexada por buscadores citan 1.160 CV, y esa misma galería llega a mencionar un Whipple de 4,5 litros que contradice el dato de 2,9.

No es una diferencia menor ni un error de redondeo, porque entre un compresor de 2,9 litros y uno de 4,5 hay un mundo de diferencia en respuesta, en presión y en carácter del motor. Cuando alguien va a pagar cientos de miles de euros por un coche, esperas que el vendedor sepa exactamente qué compresor lleva bajo el capó, y el hecho de que las cifras bailen entre fuentes oficiales obliga a cualquier comprador serio a exigir factura del motor, hoja de especificaciones, número del compresor, mapa de gestión y, a ser posible, una dinográfica que zanje la discusión.

El corazón del coche es un V8 de 416 pulgadas cúbicas, unos 6,82 litros, basado en el bloque LS3 y construido por Wegner Motorsports, y esa parte sí está sólidamente confirmada entre todas las fuentes. Lo que no está confirmado es cuánto sopla exactamente el compresor que lo alimenta, y en un restomod de este calibre ese detalle no es un capricho de nota al pie sino el argumento central de la valoración.

También bailan algunos datos secundarios de equipamiento, porque una copia de la hoja de especificaciones difundida por un proveedor afirma que el coche no lleva aire acondicionado y que la temática interior se inspira en el pasado del propietario como jugador profesional de béisbol, con butacas que evocan un guante. Son detalles verosímiles a la vista del diseño, pero no vienen respaldados con la misma solidez que el tren motriz, así que los dejo en el terreno de lo probable y no de lo confirmado. Esa asimetría entre lo comprobado y lo insinuado es habitual en los coches de exhibición, donde la nota de prensa cuenta la historia que mejor vende y el comprador tiene que separar después lo verificable de lo bonito, tarea que en un coche de este precio no debería recaer solo en la confianza.

Ocho mil quinientas horas de artesanía real

La cifra de 8.500 horas de construcción no es palabrería de folleto, sino que se traduce en una cantidad de trabajo a medida que justifica por sí sola la categoría del coche. Ringbrothers ha fabricado numerosas piezas únicas impresas en 3D y mecanizadas, ha usado fibra de carbono en capó y aletas, ha montado cubiertas de compresor en billet de aluminio y ha construido los asientos internamente siguiendo el tema de las butacas flotantes.

Estos detalles son exactamente lo que separa a un preparador de garaje de una casa como la de Wisconsin, cuyo trabajo ya hemos celebrado aquí más de una vez. Cuando analizamos el Ringbrothers Octavia, la transformación más salvaje y refinada de un Aston Martin DBS de 1971, ya quedó claro que estos tipos no personalizan coches sino que los reconstruyen capa por capa conservando solo lo mínimo, y con Bully han aplicado la misma filosofía a un todoterreno.

El habitáculo remata el conjunto con instrumentación digital Dakota Digital, tapicería a cargo de Steve Pearson de Upholstery Unlimited, pods separados en el salpicadero, barra antivuelco visible y dos entradas de aire gemelas en el capó. Es un interior de coche de exhibición, pensado para deslumbrar bajo los focos de un salón antes que para acumular barro en una ruta, aunque el hardware todoterreno que lleva debajo sugiere que podría hacer ambas cosas si su dueño se atreviera.

El debut público fue en el salón SEMA de 2022, donde Ringbrothers se llevó un reconocimiento notable, porque la nota oficial de Kahn Media sitúa a Bully como subcampeón del Battle of the Builders mientras la propia firma ganaba el gran premio con su pickup ENYO. Ese pedigrí de concurso es precisamente lo que empuja el valor de estos coches hacia arriba, porque un comprador no paga solo el hardware sino también la historia y el nombre que lo respaldan.

¿Cuánto vale realmente esta bestia?

El mercado del K5 Blazer restomod está profundamente escindido, y ahí es donde la cosa se pone interesante para calcular qué puede valer Bully. Un K5 de serie en buen estado ronda los 41.000 dólares según Hagerty, cifra que sirve de suelo histórico y de poco más, mientras que el máximo registrado para el modelo son los 495.000 dólares que Classic.com documenta para un ejemplar custom, con un abismo enorme entre ambos extremos.

La franja de los restomod buenos pero no excepcionales se concentra entre los 145.000 y los 315.000 dólares, con ejemplos como un K5 con motor LS3 vendido por 157.000 dólares en Bring a Trailer en marzo de 2026 o uno de restauración integral que alcanzó 217.500 en enero. Por encima aparece el territorio de los builds de primer nivel, donde un K5 con compresor construido por Hogan alcanzó 440.000 dólares en Barrett-Jackson y otro custom llegó a los 495.000 que marcan el récord.

El dato más pertinente para calibrar a Bully es que un Ringbrothers K5 Blazer anterior, con motor ZZ430 y bastante menos ambición que este, se vendió por 300.000 dólares en Bring a Trailer en 2020. Si aquel coche alcanzó esa cifra hace seis años, un Bully con especificación mucho más bestia, presencia en SEMA y 8.500 horas encima debería situarse claramente por encima, siempre que la documentación acompañe. La única cautela es que Mecum no siempre exprime los builds de gama alta tanto como Barrett-Jackson, donde el ambiente y el público están más acostumbrados a estas cifras, así que el mismo coche podría rendir distinto según en qué sala se subaste.

Con toda esa base, mi estimación razonada sitúa el valor de mercado de Bully en torno a los 425.000 dólares, con una horquilla sensata entre 380.000 y 500.000 y una zona de compra disciplinada entre 375.000 y 450.000, siempre condicionada a que el papeleo técnico y de titularidad sea impecable. El problema es que ese papeleo tiene agujeros, porque no hay historial público de propietarios previos ni copia de título ni confirmación del estado registral, y sumado al baile de cifras del compresor obliga a comprar con la guardia muy alta.

1972 Chevrolet K5 Blazer Custom eR Julio 2026 (15)

Al final ni tú ni yo podemos negarlo: Queremos uno

Me quedo con una sensación contradictoria ante coches como este, porque admiro el nivel de artesanía y a la vez me pregunto para qué sirve semejante despliegue si el coche va a terminar en una colección climatizada sin pisar barro jamás. Un todoterreno de 1.200 CV con cabrestante y suspensión de largo recorrido pide a gritos que lo lleven al desierto, y sospecho que su próximo dueño lo tratará como una escultura antes que como el vehículo capaz que Ringbrothers ha construido debajo de tanta fibra de carbono.

Dicho esto, la subasta de Nashville es un experimento interesante por sí misma, porque es la primera vez que Mecum monta su circo en Tennessee y los builds premium rinden de forma distinta según el ambiente que los rodee. Un coche así puede volar por encima de mi estimación si aparece el comprador adecuado con ganas de presumir, o quedarse corto si la sala no conecta con la narrativa, que es siempre el riesgo de vender una pieza tan específica fuera del ambiente donde estos coches se cotizan mejor.

Lo que tengo claro es que el fenómeno del restomod carísimo no para de crecer, y no es casualidad que sigamos cubriéndolo tanto por aquí. Ya hemos visto el Escort Mk2 de Ken Block superar los 200.000 dólares en subasta y otro Ringbrothers, un Aston Martin DBS reconstruido, salir a la venta como muscle car británico de pura cepa, señal de que hay un mercado dispuesto a pagar sumas de superdeportivo por coches viejos reinventados con talento.

Total que si tienes medio millón suelto y ganas de un juguete que no verás repetido en ningún aparcamiento, Bully es una opción tan legítima como cualquier hiperdeportivo europeo, con la ventaja de que nadie más tendrá el mismo. Eso sí, exige antes la factura del motor y el número del compresor, porque pagar esa cifra sin saber a ciencia cierta qué llevas bajo el capó sería un acto de fe que ni el más entusiasta debería permitirse.

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Jose Manuel Miana

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