Aventura del día: Standard Atlas Pop-Top (1962)

Aventura del día: Standard Atlas Pop-Top (1962)

La rarísima furgoneta británica que cruzó el Sahara y se hizo autocaravana


Tiempo de lectura: 5 min.

El Standard Atlas es una furgoneta británica presentada en 1958 por la Standard Motor Company con un diseño avanzado para su época, un historial de aventura que pocas furgonetas comerciales pueden igualar y, en algunas de sus versiones, una vida interior que convertía el reparto de pan o pescado congelado en algo parecido a un hogar sobre ruedas. Fuera del Reino Unido, apenas nadie lo conoce. Dentro, queda un puñado de ejemplares supervivientes entre los que el que aparece en estas páginas ocupa un lugar especialmente singular.

Orígenes de la marca y diseño vanguardista

La Standard Motor Company tenía una historia larga antes de atreverse con una furgoneta propia. Fundada en 1903 en Coventry, había fabricado coches durante décadas con notable solidez, y en los años cincuenta era todavía una marca relevante en el mercado británico, propietaria además de Triumph desde 1945. El Atlas fue su primer vehículo comercial de propósito específico, diseñado desde cero para competir en un mercado de furgonetas pequeñas que en Gran Bretaña dominaban BMC, Morris, Commer, Ford y Bedford. El resultado tenía algo de peculiar desde el primer vistazo: sin recortes en la carrocería para los pasos de rueda, el Atlas parecía flotar sobre el asfalto cuando se le miraba desde cierta altura, como si los neumáticos fueran un detalle opcional. Era una furgoneta con carácter propio en un segmento donde el carácter no era precisamente el argumento de venta más habitual.

El motor arrancó siendo el de 948 cc del Standard Ten, el turismo de la misma marca, con 35 CV que eran suficientes para repartir mercancía por las calles de una ciudad y bastante justos para cualquier cosa que implicara una cuesta. Pronto llegaron motores más grandes: el más común fue el de 1.147 centímetros cúbicos, y algunas versiones llegaron a recibir motores de hasta 2,1 litros, incluido el del Triumph TR4, lo que convertía a esas unidades en algo bastante distinto a la furgoneta de reparto original. El motor iba instalado en el habitáculo del conductor, bajo una cubierta entre los dos asientos delanteros –solución habitual en la época para las furgonetas de cabina avanzada–, y enviaba la potencia hacia atrás a través de una caja de cuatro velocidades con una palanca de cambio de posición inusual, que alcanzaba hacia adelante desde la transmisión situada detrás del motor.

Standard Atlas Pop Top (1)

Con un diseño flotante sin pasos de rueda aparentes, un habitáculo camperizado de época y el orgullo de haber cruzado el Sahara en 1958, el Standard Atlas Pop-Top es una de las furgonetas clásicas más fascinantes y desconocidas del mundo

La travesía transcontinental y el final industrial

Poco después de su presentación, Standard tomó una decisión de marketing que decía mucho sobre la confianza que tenían en su creación: enviaron un Atlas de producción estándar, sin modificaciones, en una prueba de resistencia transcontinental desde Ciudad del Cabo hasta Tánger, cruzando el Sahara. Era 1958, y recorrer África de sur a norte en una furgoneta de reparto comercial no era una aventura menor. El Atlas la completó, y Standard la usó en su publicidad con la discreción propia de quien sabe que el dato habla por sí solo. El eslogan de los folletos era directo: ‘Ya sea pan, leche, personas o pescado congelado, el Atlas puede con ello’. La travesía sahariana quedó como nota al pie, casi como si cruzar el Sahara fuera una extensión lógica del reparto urbano.

En 1964, Leyland Motors compró la Standard Motor Company y rebautizó la furgoneta como Leyland 15 y Leyland 20, números que simplemente indicaban la capacidad de carga en CWT. Cuatro años después, en 1968, BMC adquirió Leyland y descontinuó el Atlas para no hacer competencia a sus propias furgonetas, como la Morris JU 250. Diez años de producción, un final abrupto por razones corporativas y muy pocos ejemplares supervivientes: muchos sucumbieron a la oxidación, como casi todos los vehículos británicos de la época, y durante décadas nadie los consideró especialmente coleccionables fuera de un grupo reducido de entusiastas.

El superviviente camperizado

Uno de los supervivientes es un Atlas de 1962, equipado con el motor de 1.147 centímetros cúbicos, que llegó al mundo con el techo elevable ya instalado –el pop-top que le da nombre popular– y un interior de autocaravana que en su época era perfectamente funcional y que hoy resulta un documento de época tan interesante como el propio vehículo. En la parte trasera hay un sofá que se convierte en cama, una pequeña cocina con fregadero, agua corriente y cocina de gas, y espacio de almacenaje en armarios y cajones. El techo elevable añade altura de pie cuando el vehículo está parado, convirtiendo lo que en marcha es una furgoneta compacta en algo que se puede habitar con dignidad. La conversión es de época, lo que en el mercado actual –donde el movimiento Van Life ha disparado el interés por las autocaravanas clásicas– tiene un valor añadido considerable.

Este ejemplar circuló hasta 2016, cuando quedó parado por falta de uso. Necesita una puesta a punto, pero conserva su interior original en un estado que pocas autocaravanas de los años sesenta pueden igualar. Fue subastado por H&H Classics en julio de 2024 en Derbyshire, sin precio de reserva, lo que en el argot de las subastas significa que el martillo cae al primer precio que alguien esté dispuesto a pagar. Para quien busque algo genuinamente raro, con historia propia y una conexión directa con una época en la que una furgoneta comercial podía cruzar el Sahara sin más preparación que las ganas de intentarlo, el Standard Atlas Pop-Top es difícilmente superable.

El vehículo de las imágenes se vendió hace tiempo por H&H Classics
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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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