Aventura del día: Bombardier Ski-Doo (1958)

Aventura del día: Bombardier Ski-Doo (1958)

La humilde "mantequera" que inventó la motonieve moderna


Tiempo de lectura: 4 min.

La Ski-Doo nació para sustituir a los perros de trineo, no para cruzar lagos helados levantando una nube de nieve. Joseph-Armand Bombardier llevaba décadas intentando resolver un problema muy concreto de la vida rural canadiense: qué hacer cuando el invierno cortaba los caminos, aislaba pueblos y convertía cualquier desplazamiento en un asunto lento, incómodo y a veces imposible. En 1959 presentó por fin una máquina pequeña, ligera y pensada para una o dos personas. Sin saberlo, acababa de inventar la motonieve moderna.

De los grandes vehículos de trabajo a la idea de la “mantequera”

Antes de ella, Bombardier ya había construido vehículos de nieve de verdad: grandes, pesados y prácticos. Sus B7 y B12 servían para transportar pasajeros, correo, mercancías, escolares o enfermos por las zonas de Québec donde el asfalto desaparecía durante meses bajo la nieve. Eran herramientas de trabajo con capacidad para siete o doce ocupantes, no juguetes; precisamente por eso su inventor perseguía desde hacía tiempo la idea opuesta: un vehículo personal, asequible y lo bastante ligero como para que una sola persona pudiera usarlo a diario.

La respuesta llegó tras años de pruebas, junto à su hijo Germain. El prototipo de 1958 tenía un aspecto poco prometedor, con su pequeña carrocería angulosa, sus esquís de madera y una mecánica escondida bajo una cubierta que parecía diseñada en un taller doméstico. En el museo Bombardier se le conoce, de hecho, como la butter dish, la “mantequera”, por la forma de su carrocería. Pero aquel pequeño artefacto ya reunía las claves del concepto: dos esquís delante para guiarlo y una oruga detrás para empujarlo.

La versión de producción de 1959 y el error tipográfico

En otoño de 1959 se puso a la venta la versión de producción y las unidades de 1960 todavía mostraban con absoluta claridad la sencillez de la idea: dos esquís delante, una oruga detrás, una pequeña carrocería para proteger la mecánica y un asiento individual. No había nada superfluo; solo lo imprescindible para convertir la nieve en terreno transitable. Medía 2,77 metros de largo, pesaba 152 kilos y llevaba un monocilíndrico Kohler de cuatro tiempos y 265,9 cc, refrigerado por aire y con apenas 7 CV. No tenía freno; su transmisión combinaba una polea automática Bombardier, dos piñones motrices y una larga oruga de goma reforzada con varillas de acero. Sobre el papel, sus 25 mph —unos 40 km/h— no parecían gran cosa. Sobre una pista nevada, donde antes solo había trineos, esquís o vehículos mucho mayores, eran otra historia.

Su primer nombre iba a ser Ski-Dog, porque Bombardier imaginaba que aquella máquina podría reemplazar al trineo tirado por perros en trabajos de tramperos, cazadores y habitantes de las regiones más aisladas. El error de un impresor en uno de los primeros folletos cambió Dog por Doo. A Bombardier le gustó el resultado: era corto, distintivo y fácil de registrar. El fallo tipográfico se quedó, y acabó convertido en una de las marcas más reconocibles del mundo del motor.

Anuncio Bombardier Ski Doo

La Ski-Doo nació para sustituir a los perros de trineo en los caminos aislados de Canadá, transformando una herramienta de trabajo contra el invierno en un fenómeno global del deporte y el ocio

El fenómeno global y el legado de la motonieve

Lo que convirtió a la Ski-Doo en un fenómeno no fue únicamente que funcionara. Fue que redujo a escala personal una tecnología hasta entonces reservada a vehículos de transporte y la puso al alcance de una nueva forma de disfrutar el invierno. Primero se vendió en comunidades del norte para trabajar y desplazarse; después fue encontrando compradores que no necesitaban atravesar la nieve, sino jugar con ella. Seis años después de su lanzamiento, la marca ya se comercializaba en Noruega, Suecia, Austria, Australia y Estados Unidos.

En pocos años, el nombre empezó a emplearse en Canadá como si fuese el del propio vehículo. Igual que ocurrió con Jeep o con Jet Ski, “ski-doo” dejó de designar solamente un modelo y pasó a nombrar a toda una categoría. La sucesión de motores más potentes, carrocerías más ligeras, suspensiones eficaces y versiones deportivas llegaría después; el Ski-Doo de 1959 era todavía una máquina de apenas siete caballos, más cercana a una herramienta de invierno que a la motonieve moderna que hoy conocemos.

La paradoja es que el vehículo ideado para combatir el aislamiento invernal terminó convirtiendo la nieve en un destino. Allí donde Bombardier veía caminos cerrados y distancias imposibles, su pequeña máquina enseñó a ver rutas, excursiones y deporte. Y todo empezó con dos esquís, una oruga y un motor que, por potencia, apenas superaba al de muchas motocicletas de reparto.

COMPARTE
Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

COMENTARIOS

avatar
  Suscribir  
Notificar de


NUESTRO EQUIPO

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

Redaccion

Jesús Alonso

Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

Javier Gutierrez

Jose Manuel Miana