Sin lugar para las interpretaciones. No hay espacio para las ocurrencias. Nada de vehículo multifacético cuando domina el gran manto blanco. En ese estado, se olvida de ese pequeño SUV que habita tanto en carretera como fuera. Es aventura o nada. Es expedición o a casa. El concepto de crossover se pone de manifiesto en este Geo Tracker 1993, pero no de la manera en que lo aplicamos en la industria de hoy.
Porque si por algo destacaba el Tracker era por su configuración de carrocería sobre bastidor. Nada de crossover, lo que sí identificó desde el primer momento a los rivales con los que se toparía en el transcurso de su primera generación y ya estrenado el Chevrolet Tracker –a saber: el Honda Toyota RAV4, pionero de los SUV compactos urbanos 4×4, y el Honda HR-V–, modelos erigidos sobre estructuras monocasco. Una rivalidad a la japonesa. Sí, debido a sus raíces Suzuki.
No. Si hubo en el Tracker un motivo de orgullo capaz de persistir frente a su discontinuación y posterior paso de los años –como tal, este modelo duró hasta 1998, año en que el Gigante de Detroit puso fin a esta marca de nicho, y entonces el Tracker siguió en comercialización como Chevrolet–, ese fue la esencia de su composición estructural. Carrocería sobre bastidor, un chasis tradicional, una camioneta real, el punto de partida para interpelar al cliente para el cual había sido concebida: a un valor accesible, ofrecer una experiencia de manejo descontracturada a jóvenes en busca de su primer vehículo.
Geo Tracker 1993, un crossover cuando avanza por naturaleza
Lo que no fue motivo de orgullo fue su debilidad en materia de seguridad. Sus pruebas de choque dejaban que desear y la crítica lo apuntó por ser propenso a vuelcos, en ocasiones, mortales. Sobre todo la versión de tracción trasera. Aun así, aun habiendo enfrentado estas controversias que llevaron a General Motors a terminar con Geo, los propietarios llegaron a calificarlo con hasta un 97 % de recomendación. Decía… El concepto de crossover manifestado en este ejemplar.
Un Geo Tracker 1993 del diseño original –caja trasera extraible, techo rígido desmontable– con tracción a las cuatro ruedas. Pero, ¿y las ruedas? He ahí ese crossover. Mitad SUV, mitad oruga. El sistema de orugas Camso, aplicado a los bujes mediante tuercas –pero sin alterar los frenos con que el vehículo salió de fábrica–, salva el honor. Un Tracker que, ya sea en nieve, en arena, en barro o en hielo, desafía a las debilidades del pasado y hace justicia.
Es entonces cuando vuelve a casa. Cuando aquel SUV todoterreno inocente reaparece, una vez que las orugas se retiran y las llantas de acero 15 pulgadas con neumáticos Hankook ponen orden. Al asfalto, una vez más, hasta el próximo encuentro con la naturaleza. La suspensión, elevada cinco centímetros, no se toca, eso sí. Tampoco el acabado exterior recibido en 2024, una combinación de azul, rosa y gráficos de montaña que da cátedra en el arte de lo retro.


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Mauro Blanco
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