Veo las redes sociales dominadas por pick-ups sobreequipadas y tiendas de techo, pero lo cierto es que ya en los años setenta había fabricantes dispuestos a mezclar irreverencia todoterreno con vida doméstica. Entonces paso de las redes al archivo histórico de General Motors. Inevitable detenerse en las Chevrolet Blazer Chalet Camper y GMC Jimmy Casa Grande, dos preparaciones de Detroit cuyas soluciones delatan la época a la que pertenecen y que se expresaron como instancias consolidadas de una fórmula –los pick-up camperizados– con algunos años en práctica.
Dos autocaravanas compactas que hoy suenan a mito. La primera lo dice todo en el nombre. El Blazer sigue su curso comercial y quien lo conduzca, y lleve consigo la historia de las generaciones pasadas, probablemente sepa que en los años setenta, durante un paso fugaz de dos años, se fabricaron 1.800 unidades de una versión que era capaz de congelar a los lectores de revistas de la época en las páginas que hablaban sobre ella y la mostraban.
El chasis corto y los 4,5 metros de longitud de la Chevrolet K5 Blazer, el modelo base, no serían obstáculos, serían suficientes, porque la colaboración del Gigante de Detroit con Chinook Mobilodge revelaría la razón de ser del proyecto: mirar hacia arriba. El habitáculo con capacidad para cuatro personas funcionaría mirando hacia arriba: un techo elevable aportaba varios centímetros extra. Bueno, también al frente valía la pena prestar atención a su configuración, porque entre el interior del módulo acoplado y la cabina no había panel divisor, lo que generaba amplitud puertas adentro, un ambiente único.
Chevrolet Blazer Chalet Camper y GMC Jimmy Casa Grande: que hoy no te sean indiferentes
Este estilo identificaba también al GMC Jimmy Casa Grande, considerado el hermano gemelo del Blazer Chalet, pero no era la única característica en común. Ni en el Chevy ni en el GMC el módulo podía desmontarse. El hecho de que fuera fijo en ambos casos limitaba la versatilidad y les jugaba en contra en comparación con los tradicionales pick-up a caja descubierta. A propósito del chasis y la estructura camper unida encima, ésta estaba hecha de acero y fibra de carbono. No era la solución más sofisticada en términos de aislamiento, pero cumplía con el cometido de ofrecer refugio cuando estos vehículos se adentraban a la naturaleza.
Camionetas de los años setenta y americanas, de manera tal que las opciones mecánicas no salían de los motores de seis cilindros en línea y los V8, vitales para mover los kilos que llevaban sobre sí. Y lo que llevaban sobre sí era una cocina con dos fuegos, una nevera, un tanque de agua potable con bomba eléctrica, calefacción, una sala de estar, una zona de dormitorio y el mencionado techo elevable.
Ha pasado medio siglo de estos exponentes de los pick-up camperizados norteamericanos y mejor que no te sea indiferente encontrarte con una de las Blazer Chalet, dada la cantidad a la que se limitó la fabricación. Que te resulte aún menos indiferente el día en que te cruces con un Jimmy Casa Grande, del que apenas se prepararon 225. Reliquia total.


Mauro Blanco
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