El RMB Silver Star 410D no es una autocaravana para veranear: es un tanque con salón, cocina y camas fijas construido sobre la indestructible base del Mercedes T1 y animado por el legendario bloque OM602. Menos de siete metros de pura orfebrería alemana de los noventa que pesaba 4,6 toneladas y exigía carné de camión para devorar kilómetros sin mirar atrás.
La manufactura de Marktschorgast: cuando RMB hacía objetos de culto
Hay fabricantes de autocaravanas que hacen vehículos y hay fabricantes que hacen objetos. RMB –Reise-Mobil-Bauart– pertenecía claramente al segundo grupo. Desde su taller en Marktschorgast, un pueblo de la Alta Franconia bávara que no aparece en casi ningún mapa turístico pero que los aficionados a las autocaravanas de alta gama conocen bien, esta empresa producía en régimen de manufactura artesanal algunos de los vehículos de viaje más sólidos y mejor construidos de la Alemania de los años ochenta y noventa. No había nada en el catálogo RMB que no pudiera encontrarse; el lujo en carretera era, según describía la revista alemana Promobil –referencia del sector– una obviedad en sus productos. El Silver Star 410D era el modelo de acceso a esa filosofía, y ya en él la palabra acceso resultaba algo relativa.
La elección de la base mecánica lo decía todo sobre las prioridades de RMB. Mientras la mayoría de los fabricantes europeos de autocaravanas de la época optaban por los chasis ligeros de Fiat Ducato o Renault Trafic –plataformas económicas, manejables y suficientes para una autocaravana de uso vacacional–, RMB miraba hacia la gama T1 de Mercedes-Benz, la serie TN que la marca alemana fabricaba en Düsseldorf y que estaba pensada originalmente para el transporte de reparto pesado. Concretamente, para el Silver Star elegían el 410D: el escalón más alto de la familia T1 en versión de chasis cabina, con tracción trasera y rueda gemela en el eje posterior, una combinación que en el mundo del transporte profesional era sinónimo de fiabilidad sin concesiones.
El corazón del gigante: el bloque diésel OM602
Bajo el capó del 410D vivía el OM602, uno de los motores diésel más respetados que Mercedes-Benz ha fabricado jamás. Cinco cilindros en línea, con una arquitectura que combinaba la robustez de los bloques de fundición de la generación anterior con la eficiencia de la precámara de inyección indirecta. Según la versión y el año, entregaba entre 95 y 120 CV –la variante turboalimentada subía hasta esa cifra–, cifras que sobre el papel no parecían impresionantes, pero que en la práctica significaban un motor que podía trabajar al límite durante años sin protestar, que se dejaba reparar con herramientas básicas en cualquier taller del mundo y que consumía con una moderación que los motores de gasolina de potencia equivalente no podían igualar. La caja de cambios podía ser manual de cinco velocidades o automática, según preferencia del comprador, y el diferencial trasero con rueda gemela convertía al conjunto en algo que los caminos sin asfaltar trataban con mucho más respeto del que merecería una furgoneta convencional.
El RMB Silver Star 410D no era una autocaravana convencional, sino un auténtico refugio acorazado de 4,6 toneladas diseñado para expediciones infinitas sobre la base indestructible del Mercedes T1
Sobre esa base industrial, el equipo de Marktschorgast montaba la célula habitable con la misma mentalidad con la que un carpintero de marina construye el interior de un velero de altura: pensando en que el vehículo podría alejarse durante meses de cualquier servicio técnico, en que los materiales tendrían que aguantar temperaturas extremas, humedad constante y el traqueteo permanente de carreteras que no siempre merecen ese nombre. Los paneles de aislamiento eran de alta densidad, dimensionados para climas nórdicos y no para el verano mediterráneo, que era el contexto habitual de la competencia. El mobiliario interior era de carpintería marina –tablero marino contrachapado, sin los aglomerados que se hinchaban con la humedad y se desintegraban con el tiempo– , y los sistemas de fontanería y gas seguían una lógica de redundancia y autonomía que en una autocaravana de uso vacacional habría parecido excesiva y en una herramienta de viaje largo resultaba simplemente sensata.
Distribución de Liner Class en menos de siete metros
En los escasos 6,6 metros de longitud y los 2,2 de anchura del Silver Star 410D, RMB conseguía meter lo que en el sector se llama una distribución de Liner Class: garaje trasero con capacidad para una moto de mediana cilindrada –accesible desde la posterior mediante una rampa o escalón abatible–, camas fijas que no requerían transformación nocturna, depósitos de agua limpia de hasta 200 litros, instalación de gas autónoma y espacio de almacenaje generoso en armarios y cajones de madera. Era una casa completa en formato compacto, sin las renuncias que esa compacidad habría impuesto en manos de un fabricante menos obsesionado con el aprovechamiento del espacio.
El peaje de toda esa solidez llegaba en la báscula. El Silver Star 410D alcanzaba una masa máxima autorizada de 4.600 kilogramos, una cifra que en la mayoría de los países europeos obligaba entonces –y sigue obligando hoy– a obtener el permiso de conducción C1, el escalón inmediatamente superior al carné de turismo estándar. No era un trámite menor, y RMB lo sabía: su cliente no era el turista ocasional que quería pasar agosto en la costa, sino el viajero comprometido que planificaba rutas de meses, que valoraba la durabilidad por encima de la ligereza y que entendía que conducir un vehículo de 4.600 kilos por carreteras de montaña era una habilidad que merecía aprenderse bien antes de intentarlo. Era, en definitiva, un vehículo para gente seria que se tomaba en serio la vida en carretera.
Legado y atemporalidad
RMB nunca fue una empresa grande ni pretendió serlo. La producción en Marktschorgast era limitada, los precios eran inevitablemente altos y el mercado natural de sus vehículos era el de los profesionales del viaje largo –expedicionarios, fotógrafos de naturaleza, periodistas en zonas remotas– y el de los aficionados a la autocaravana que habían llegado a la conclusión, después de años de experiencia, de que preferían pagar más por algo que duraría para siempre antes que renovar cada cinco años. Los ejemplares que han sobrevivido a las décadas –y han sobrevivido muchos, porque estaban construidos precisamente para eso– circulan hoy con una reputación de fiabilidad que sus propietarios defienden con el entusiasmo de quien sabe que tiene algo que el mercado actual no puede replicar fácilmente. La base Mercedes OM602, en particular, ha desarrollado con los años una legión de seguidores que la consideran uno de los motores diésel más indestructibles que se han fabricado en serie. Que RMB eligiera precisamente ese motor para sus autocaravanas dice, una vez más, todo lo que hay que saber sobre las prioridades de la empresa.




Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.COMENTARIOS