La Mercury Sno-Twister nació para ganar carreras, y durante apenas tres inviernos lo hizo con una contundencia que dejó poco espacio a la discusión. No era una motonieve para atravesar bosques, llevar equipaje o pasar una tarde tranquila sobre un lago helado. Era una máquina de competición con dos esquís, una oruga y un bicilíndrico de dos tiempos, creada por una empresa que, en teoría, fabricaba motores marinos.
La fiebre de las motonieves y el desembarco de Mercury
A principios de los setenta, las carreras de motonieves vivían en Estados Unidos una fiebre difícil de imaginar hoy. Miles de pilotos se reunían en óvalos improvisados sobre nieve, circuitos trazados en ferias y campos helados, y pruebas de resistencia que cruzaban paisajes enteros. Las marcas habían entendido que ganar el domingo vendía motonieves el lunes, y Mercury quiso aprovechar el momento. La compañía era conocida por sus fueraborda, pero también llevaba años construyendo motonieves; lo que necesitaba era una máquina capaz de poner su nombre delante de Polaris, Arctic Cat, Ski-Doo y Yamaha.
La respuesta llegó en 1974 con la Sno-Twister 400. Su nombre no escondía demasiada poesía: una motonieve hecha para retorcerse entre curvas, acelerar en los óvalos y obligar a su piloto a trabajar. Montaba un bicilíndrico Kohler de dos tiempos, refrigerado por aire, con 398 cc y una potencia anunciada de 60 CV. Aquella cifra era una barbaridad para una máquina que pesaba poco más de 180 kilos, y Mercury no escatimó en geometría de competición: una vía delantera ancha, una posición de conducción compacta y una parte ciclo pensada para que el piloto pudiera entrar y salir de los giros a toda velocidad.
El resultado fue inmediato. La Sno-Twister de 1974 dominó la categoría Stock D, la clase de 400 cc, y llegó a ocupar los tres primeros puestos del Eagle River World Championship. Esa victoria no fue una simple anécdota: convirtió a Mercury en una amenaza real dentro de un deporte en el que la reputación se construía carrera a carrera y donde las marcas competían con una intensidad comparable a la de las motos de motocross o las Superbikes.
La Mercury Sno-Twister nació para ganar carreras, convirtiendo una máquina de competición con motor de dos tiempos en una leyenda de los óvalos helados durante apenas tres inviernos
Evolución mecánica: de los 55 a los 65 CV
Mercury no se limitó a conservar la receta. En 1975 presentó versiones de 340 y 440 cc, ambas con bicilíndricos Kohler: la 340 declaraba 55 CV para 339 cc y la 440 llegaba a 65 CV con 438 cc. Eran motores de dos tiempos, con refrigeración por aire y toda la brutalidad de respuesta que cabe esperar de una máquina de carreras de los setenta. La Sno-Twister 440 era especialmente seria: 65 CV en una motonieve ligera convertían cualquier recta nevada en una invitación a sujetarse fuerte.
Todavía más lejos fue la evolución de 1976. La Sno-Twister se convirtió en una moto de carreras apenas disimulada, con un planteamiento cada vez menos compatible con la comodidad de una ruta normal. Los especialistas recuerdan una máquina radical en dirección, ergonomía y suspensión, hecha para girar deprisa en circuitos ovales y para responder a pilotos que ya no buscaban una motonieve polivalente. El propio Stan Hayes, una de las figuras asociadas a Mercury, describía aquella temporada como el punto en que la Sno-Twister pasó de ser una máquina ganadora a una herramienta de competición absoluta.
La demostración más contundente llegó el 7 de febrero de 1976, en la Soo I-500. Stan y Doug Hayes ganaron aquella prueba de resistencia sobre una motonieve basada en la Sno-Twister, equipada con el motor Mercury/Kohler 440 de serie y un escape modificado con stingers. No era solo una carrera rápida: era una prueba que castigaba chasis, motor, transmisión y piloto durante cientos de kilómetros. Ganarla demostraba que la pequeña bestia de los óvalos podía también resistir cuando el acelerador se mantenía abierto mucho más tiempo del razonable.
Y entonces Mercury se marchó
La compañía abandonó la fabricación de motonieves en 1976, justo después de haber conseguido una de sus victorias más recordadas. No fue una retirada por falta de competitividad: el mercado entero empezaba a sufrir una corrección después del crecimiento desmesurado de los años anteriores, con exceso de fabricantes, inventarios difíciles de vender y una industria que ya no podía sostener tantas marcas. Mercury dejó atrás un programa de carreras en plena forma y una Sno-Twister que se había convertido en referencia para quienes entendían las motonieves como vehículos de competición, no como transporte invernal.
Hoy, una Sno-Twister representa una época en la que una motonieve de dos tiempos podía nacer casi exclusivamente para competir. Tenía motores que pedían gasolina, ruido y manos firmes; una postura que no entendía de comodidad; y una forma de correr que dependía mucho más de la mecánica y del piloto que de cualquier ayuda electrónica. Puede que Mercury no permaneciera mucho tiempo en el negocio, pero durante aquellos inviernos dejó una de las motonieves de carreras más temidas y recordadas de la década.


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Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.COMENTARIOS