La Honda ATC90 fue, en 1970, el invento que creó casi por accidente la categoría de los todo-terreno de ocio modernos. Un triciclo ligero, con neumáticos balón, un motor de 90 cc y una transmisión semiautomática, pensado originalmente para nieve, arena y terrenos blandos donde una moto convencional se hundía. No era una motocicleta, ni un vehículo utilitario, pero acabó definiendo una nueva forma de entender la aventura a pie de playa, de dunas, de bosque y de nieve.
A finales de los sesenta, Honda era ya una potencia mundial en motocicletas, pero la marca buscaba nuevos nichos más allá del asfalto y del off-road tradicional. Los ingenieros recibieron un encargo concreto: desarrollar un vehículo recreativo ligero, fácil de usar para principiantes, con un motor por debajo de 100 cc y que aprovechara al máximo piezas ya existentes de la gama de trail y minimotos de la casa. El objetivo no era competir con las motos de enduro ni con los quads agrícolas, sino abrir un segmento de ocio familiar y polivalente.
Génesis: el nacimiento de una nueva categoría
La solución fue tan simple como efectiva: un chasis de tubo de acero con un motor de cuatro tiempos derivado de las trail pequeñas, transmisión de cuatro velocidades con embrague centrífugo y, lo más característico, tres ruedas con neumáticos de gran sección y baja presión. Ese diseño permitía “flotar” sobre superficies blandas sin necesidad de suspensiones complejas ni de una técnica de conducción elevada. Honda lo llamó US90 en sus primeros años, antes de cambiar la denominación a ATC90 (All Terrain Cycle), pero la esencia era la misma: un vehículo que cualquiera podía usar con muy poco aprendizaje.
El gran salto de imagen llegó en 1971, cuando Sean Connery pilotó un US90 en Diamonds Are Forever. La persecución por el desierto, con Bond esquivando a los secuaces a bordo del triciclo naranja, grabó la imagen del ATC en la mente de toda una generación. De repente, lo que había nacido como un vehículo utilitario-recreativo se convirtió en un icono pop, asociado a la aventura, al ocio al aire libre y a un cierto espíritu californiano de los setenta. Esa aparición en el cine fue, probablemente, el mejor golpe de marketing de Honda en ese segmento hasta entonces.
La Honda ATC90 no fue la más rápida ni la más sofisticada, pero con sus tres ruedas y sus neumáticos balón inventó por completo el juego del todo-terreno de ocio
La evolución y el límite de los tres neumáticos
El éxito del ATC90 desencadenó una carrera armamentística entre los grandes fabricantes japoneses. Suzuki, Yamaha y Kawasaki respondieron con sus propios triciclos, y durante los setenta y ochenta el mercado evolucionó rápidamente: motores más grandes, transmisiones manuales, suspensiones más elaboradas y versiones cada vez más orientadas a la prestación y a un uso agresivo. Lo que había empezado como un vehículo familiar y de ocio se fue convirtiendo en una plataforma para pilotos expertos dispuestos a exprimir las limitaciones inherentes de un triciclo en terrenos difíciles.
Esa evolución también sacó a la luz los compromisos de seguridad del concepto de tres ruedas. Con más potencia y un uso más deportivo, el comportamiento en curvas, frenadas y saltos mostraba debilidades estructurales y de estabilidad que derivaron en un número creciente de accidentes. La presión legal y mediática fue aumentando hasta que, en 1988, los principales fabricantes acordaron voluntariamente dejar de producir nuevos triciclos ATC. Honda ya había trasladado su apuesta a los quads de cuatro ruedas, más estables y con mayor aceptación general, y el resto del sector siguió el mismo camino. Desde entonces, el mercado de los todo-terreno de ocio ha estado dominado por los cuatro ruedas, mientras los triciclos de los setenta y ochenta se convertían en piezas de colección.
El legado de la pionera
La ATC90 original, con su motor de 89 cc, su transmisión de cuatro velocidades con selector de rango alto/bajo, su freno de tambor en el eje trasero y su ausencia total de suspensión, queda hoy como el arquetipo del triciclo clásico. Sin cuadro de instrumentos, con acelerador de pulgar, asiento individual de vinilo y un aspecto inconfundiblemente setentero, representa el momento exacto en que la aventura dejó de ser solo cosa de motos de campo y se abrió a un público mucho más amplio. No fue la más rápida, ni la más sofisticada, pero sí la que inventó el juego.


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Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.COMENTARIOS